Esta magnífica casa palacio rehabilitada reúne arquitectura de
los siglos XVI y XVII , mobiliario del XIX y escayolas del siglo XVIII.
Un sugerente aclecticismo que invita a pasear por el tiempo.
Sobre estas líneas: Una fuente hexagonal de piedra antigua se
convierte en el punto focal del patio aportando su frescura y la música del
sonido del agua. Rodeada por elegantes macetones con naranjo, esta imagen evoca
el intimismo de las viviendas del sur.
En la otra página: Con vistas al mismo
patio central, la galería superior está delimitada por una balaustrada antigua
de hierro que data del siglo XVIII. Los arcos de medio punto hablan de la
cultura árabe.
Convertido actualmente en un magnífico hotel con 30
habitaciones y sus respectivos cuartos de baño, el edificio de Casa de Carmona
data del siglo XVI. Esta soberbia construcción, de más de 3000 metros cuadrados,
era en su origen la que ostentaba más solera y renombre en el municipio
sevillano de Carmona, pues sus muros albergaron durante más de 4 siglos los
avatares y vivencias de dos conocidas familias de la comarca, los Briones y los
Lasso de la Vega.
Marta Medina, historiadora de arte y arquitecta, lo adquirió en
1990 con vistas a instalar allí su propia residencia. Pero el impulso que vivió
la ciudad de Sevilla en 1992 y la idea de montar un negocio, variaron su
intención inicial, hasta el punto de que la propietaria decidió acometer un
importante proyecto de restauración que se prolongó a lo largo de año y medio.
Tras numerosos estudios llevados a cabo y, atendiendo a un estricto respeto por
estructuras, volumenes y materiales originales, el edificio se transformó en un
impresionante palacio de doble arcada con apeaderos, antiguas caballerizas,
patios con fuentes y jardines interiores árabe-renacentistas, fiel reflejo de la
tipología arquitectónica mudejar-andaluza.
Uno de los objetivos primordiales de la rehabilitación
consistió en recuperar las calidades originales, la mayoría de las cuales
aparecían enmascaradas bajo pinturas, tarimas o falsas techos incorporados a lo
largo de estos 4 siglos. En el caso de las paredes de toda la vivienda,
encaladas en un blanco níveo. Un análisis previo y una limpieza concienzuda
consiguieron eliminar las capas superpuestas de cal, con lo que se redescubrió
su aspecto primitivo: la gama de colores tierra. Asimismo, se dejó intacta la
anchura de los antiguos muros de piedra y arena, a fin de que el grosor
funcionara como aislante térmico. Sin embargo, sí que se optó por abrir más
huecos, aunque su forma y emplazamiento no variaron respecto a las ventanas
originales. El tamaño y la disposición de las estancias conserva de igual modo
el ordenamiento de antaño. Y precisamente con dicha finalidad, para evitar el
levantamiento de nuevos tabiques, la propietaria solucionó la necesidad de
incluir baños en cada una de las alcobas del hotel a partir de funcionales
mamparas y estructuras de madera y cristal que hiciesen posible las
separaciones.
La belleza de los elementos arquitectónicos de Casa Carmona se
completa con el mobiliario, procedente de anticuarios y almonedistas,
integrándose en un ambiente único, vestido con colores y telas que reproducen
diseños antiguos.
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