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A la hora prevista, una doncella uniformada al estilo de las
casas señoriales empuja el carro del desayuno hasta los pies de la cama. No es
un día especial, ni un resacoso amenecer tras una
habitual cualquier día del añonoche de bodas. Es una escena
en cualquier habitación de Casa de Carmona, , en
la localidad homónima sevillana, un palacio del siglo XVI transformado en hotel
en vísperas de la Expo. Marta Medina, su singular propietaria afincada en Roma,
pretende seguir, al pie de la letra, los usos y costumbres palaciegos de hace
cien años. Y a base de restaurar, recuperar, decorar y aleccionar, lo ha
conseguido. Todo en su hotel es rigurosamente lujoso: tapicerías de seda en los
sofás; lapislázuli, estucados y molduras en las paredes; camas de caoba y de
bronce con dosel, pianos de cola de raíz de nogal, butacas de época victoriana,
alfombras de la Real Fábrica, artesonados mudéjares en algunos techos; grifería
inglesa de latón en los cuartos de baño, lencería de hilo en las camas, un
aljibe convertido en piscina
Una habitación normal cuesta 24.000 pesetas en temporada
baja o 39.000 en temporada alta. La gran suite, que ocupa el salón del
palacio y cuatro dependencias anexas, 80.000 ó 125.000. "Por lo general, la
utilizan personalidades importantes, como sucedió durante la Expo o en la boda
de la Infanta. El sultán de Brunei y B.B. King, que sólo salió de la cama para
comer arroz blanco dos veces al día y para ir a cantar a Sevilla el día del
concierto, han sido clientes nuestros. A los que pasan temporadas, es fácil
contentarles, porque conocemos sus costumbres", comenta Francisco Román,
Frasco, conserje desde que se inauguró el hotel.
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