La luz de Andalucía se refleja en todas y cada una de las blancas fachadas de Carmona.
Ciudad milenaria de origen cartaginés. Su privilegiada situación, sobre una cresta en
el punto más alto de los Alcores -las colinas que se extienden al este de
Sevilla-, fue siempre punto de mira de las numerosas culturas que en ella se
asentaron. En la época romana se consolidó como uno de los principales núcleos
de la campiña y en tiempos de Al-Andalus fue proclamada capital de un
principado independiente. Una muestra de este esplendor son los restos de la
muralla que un día la rodeaba por completo.
El centro de la población conserva un cierto estilo islámico con los posteriores
añadidos cristianos y en el entramado de sus callejuelas destacan, además de
iglesias y conventos, impresionantes casas palaciegas que transmiten el savoir vivre
de la aristocracia andaluza. Una de estas mansiones, ubicada en el centro histórico,
le permitirá conocer al detalle una estancia de lujo ya que ahora es un alojamiento
hotelero: hablamos de la Casa de Carmona, una noble construcción del siglo XVI.
Hace algunos años, la interiorista Marta Medina decidió lanzarse a su compra para
habilitarla como casa particular, pero poco tiempo después, con las posibilidades de la
Expo'92 en Sevilla, reconsideró la idea y le dio forma de hotel con categoría
de cinco estrellas, tras años de rehabilitación.
En su restauración se respetaron al máximo los detalles, espacios y patios originales
del edificio, manteniendo de este modo su estilo renacentista con influencia árabe.
El interior, sin embargo, es un trabajo personalizado de su dueña, quien le ha impreso
un marcado carácter rústico victoriano. En las habitaciones las telas tienen un gran protagonismo,
con delicados y elegidos estampados en colchas y cortinas, generalmente a juego
con los papeles pintados de las paredes. El mobiliario procede en su
mayoría de anticuarios del sur de Inglaterra, Londres, París o Madrid y algunas obras de
arte que cuelgan de las paredes de los salones formaban parte del patrimonio
familiar. Otros atractivos son el restaurante, los patios y los jardines. En el
primero, situado en el antiguo establo del palacio y decorado con dibujos y
pinturas de Felipe Guardiola Medina, se puede degustar una sofisticada cocina
internacional y andaluza entre mesas y sillas de caoba. En el exterior el
tiempo discurre entre la musicalidad de las fuentes y la frescura que aporta su
abundante vegetación.
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