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Ya no están de moda los grandes hoteles con cientos de
habitaciones y lujo palaciego de mármoles, estucos y dorados. Lo que ahora se
demanda para momentos de descanso son pequeños establecimientos erigidos con
amor, gusto y fantasía que, además, guarden sintonía con la cultura de su
entorno. Cálidos y familiares, no hay por qué renunciar al trato y servicio que
ofrecen los grandes de la hostelería. Los que aquí describimos lo son también a
su manera. Cada uno de ellos es una definición completa de lo que llamamos
"encanto". Esta relación se completa con otros cuarenta, lo mejor de
lo mejor, en ciudades, campos y pueblos del interior, montañas y playa.
En plena campiña sevillana, el nombre de hotel Palacio Casa de
Carmona anuncia sin ambages su vocación: ofrecer las prestaciones de un buen
hotel, un marco palaciego y el trato al huésped como en una casa de amigos.
Desde el exterior parece una mansión nobiliaria más de las muchas que bordean
las calles del centro histórico de Carmona. Es en su interior donde exhala el
perfume de sus hechizos.
La rehabilitación de este palacio del siglo XVI se debe a Marta
Medina, mujer de exquisito gusto y sólida formación artística. Las obras duraron
4 años y devolvieron a su casa el aspecto original. En el patio,por ejemplo, hay
5 tonalidades de ocre para dar profundidad al conjunto y,junto a las columnas
genovesas y los arcos florentinos, una profusión de macetas de boj y naranjos
perfuman el aire. El pequeño jardín adyacente es la recreación de un jardín
mudéjar mientras que la nueva mini-piscina se confunde con un estanque de
antaño.
Cada habitación irradia una atmósfera especial. Todas son
diferentes y han sido creadas para sentir que uno se halla en una casa
particular. Eso si, en la de alguien culto y civilizado. Camas con dosel de
madera, con cabeceros barrocos o con tules vaporosos, telas de chintz inglesas,
obras de arte y múltiples detalles decorativos. Los salones acentúan la
impresión de familiar intimidad. Uno puede escoger una revista de arte, servirse
una copa o ponerse a tocar el piano como si estuviera en su casa.
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