Su nombre lo dice todo: prestaciones de buen hotel, un marco
palaciego y trato al huesped como en una casa de amigos. En el interior de sus
nobles paredes se exhala el perfume de sus hechizos. Macetas de boj y de naranjo
perfuman el patio mudéjar. En sus habitaciones, camas con dosel de madera,
cabeceros barrocos y tules vaporosos. Los salones acentúan la impresión de
hallarse en una casa privada.
Su emplazamiento es ideal para explorar conocidas ciudades
andaluzas, como Jerez, Granada y Córdoba.
Con el encanto de los palacios árabes, éste es el hotel ideal
para afianzar una bonita historia de amor.
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